Mr. Robot (T2): Lo poco basta y lo mucho cansa

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Opinión, reflexión y debate sobre películas y series de televisión desde el sofá de casa o, en su defecto, desde una butaca de cine.

Lo poco basta y lo mucho cansa. La mayoría de los críticos que alabamos Mr. Robot hemos rectificado y/o puntualizado nuestras palabras tras su segunda temporada. Y no es de extrañar, pues la serie tiene algunos defectos estructurales que, presas del entusiasmo, no supimos o no quisimos ver. El primero de ellos, Elliot (que no Rami Malek). La serie de Sam Esmail ahonda de manera muy detallada y fidedigna en el fenómeno del momento: el hacktivismo. No en vano las referencias al gran estandarte del movimiento (el colectivo Anonymous) son tanto intra (la elección de la máscara de Fsociety) como extra diegéticas (el nombre de la productora de la serie). Por otro lado, algunos ciberataques han bloqueado recientemente la infraestructura de grandes compañías como Netflix, Amazon o PayPal. Y lo hicieron de la misma manera en que Darlene (Carly Chaikin) y los suyos se cuelan en casa de la abogada de Ecorp, a través del Internet de las Cosas. Last but no least, esta vez Elliot penetra explícitamente en la deep web y nos permite vislumbrar un atisbo de sus peligros.

Con un material tan potente entre manos, ¿por qué insistir en los delirios esquizoides de Elliot? Pues porque la historia se cuenta desde su punto de vista, uno que es extremadamente sesgado debido a su condición mental. De esta manera, el público permanece tan desconcertado como el propio protagonista, que ni siquiera conoce el plan por él mismo diseñado. La serie se queda atrapada en El club de la lucha y en la dicotomía entre Dr. Jekyll y Mr. Hyde en lugar de consolidar su abanico de personajes. Darlene, Angela (Portia Doubleday) y Joanna se me atragantan, y solo los secundarios Trenton y Mobley me convencen. Todo ello, no obstante, queda compensado por la incorporación al reparto de Grace Gummer como la agente diPierro. Sin duda, ha sido todo un acierto añadir al FBI en la ecuación, y más a través de una detective que responde al prototipo de mujer solitaria, obsesiva (workaholic) y tremendamente resolutiva.

También los turbios propósitos del estratega Whiterose, cercano colaborador de Fsociety, comienzan a destaparse. ¿Es lícito arrancar el poder de las grandes corporaciones para cedérselo a un gobierno extranjero que aspira a dominar el mercado? ¿Cuándo dejamos de ser Robin Hood y empezamos a sembrar el sufrimiento entre aquellos a quienes pretendemos defender? Son cuestiones que se han planteado en el sino de las organizaciones activistas, y que la serie parece resolver o bien con un Elliot sin convicciones políticas, o bien con un Mr. Robot temerario a más no poder. Mr. Robot es deliciosamente provocadora (ese discurso de Elliot contra la religión habría sido impensable hace unos años), pero a veces cruza la línea que separa el pasmo de la indiferencia. No es fácil mantener el enfoque surrealista (ese inesperado crossover) sin perder el oremus. ¿Podrá Esmail frenar la deriva de su obra ajustando ese detalle?

Valoración: ***

Puntuación: * (mala) ** (regular) *** (buena) **** (muy buena) / (media estrella)

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