Sweet/Vicious, la serie de MTV sobre la violencia sexual en los campus universitarios

Sweet Vicious serie de mtv review
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Justo cuando el tema de la responsabilidad social de la ficción empieza a despuntar en el ámbito académico, MTV se posiciona a la vanguardia con una modesta serie altamente educativa. Sweet/Vicious aborda la violencia sexual en los campus universitarios estadounidenses, una lacra social largamente acallada por las instituciones y recientemente destapada en medios de comunicación. Su creadora, Jennifer K. Robinson, asume un gran riesgo al rehuir de eufemismos e inculpar sin ambages al rectorado de la universidad que otorga un consentimiento implícito a todo tipo de abusos. Ignoran a conciencia ese muro que airea sus vergüenzas (el único sitio donde las chicas se sienten suficientemente seguras como para denunciar la injusticia) con el fin de mantener la apariencia de normalidad y seguridad. Mientras, ofrecen centros de socorro y kits de violación a sus estudiantes, asumiendo el mal como inevitable. Irónico y absolutamente perverso

El mismo discurso se invoca al respecto de las fraternidades, ritos de paso y demás salvajadas. El mismo secretismo y la misma consideración del problema como una “chiquillada” para quitar hierro al asunto. De hecho, uno de los dilemas morales de Jules (Eliza Bennett) y Ophelia (Taylor Dearden), las protagonistas justicieras, es precisamente aplicar o no el mismo sesgo y castigo a las hermandades por sus prácticas vejatorias que a los delincuentes sexuales. Aunque American Crime y The Good Wife ya han señalado estas formas de violencia, Sweet/Vicious se recrea en su carácter sistémico (por tanto, no excepcional) y lo hace con el lenguaje propio de los millenial, desde dentro. No es difícil identificarse con las heroínas cuando éstas se plantean marcarse un Breaking Bad o humillar a algún cretino con un paseo a lo Cersei.

A aquellos de más edad, por su lado, les complacerá el parecido (incluso físico) entre estos dos personajes y dos de las más influyentes representantes del feminismo en la cultura popular, Buffy (y, como extensión, Veronica Mars) y Willow. En este caso, no obstante, las protagonistas encarnan dos modelos femeninos diametralmente opuestos. La construcción aparentemente estereotipada de la rubia modosita y la morena rebelde se desmonta cuando Jules se niega a aceptar su condición de víctima. Se justifica, además, por la voluntad de integrar a ambas (es decir, al conjunto de las mujeres) en la lucha colectiva.

Como serie adolescente, Sweet/Vicious no renuncia a la trama amorosa. Mientras ésta tiene pleno sentido en el caso de Jules (pues permite vislumbrar las implicaciones del trauma en la vida afectiva de la víctima), está de más en Ophelia. La independiente hacker y traficante de marihuana se acaba rindiendo a los encantos del buenazo de su amante. Sin embargo, la amistad es siempre un vínculo más estrecho y duradero. Y sino que se lo digan a Kennedy, obligada a dar un paso al frente y escoger entre su mejor amiga y el indeseable de su novio. Las relaciones previas de las protagonistas son perfectamente compatibles con su compromiso para con el grupo. Harris, inseparable compañero de batallas de Ophelia, personifica un nuevo modelo de masculinidad y permite incorporar el debate sobre la discriminación racial en el campus. La sororidad, por su lado, se expresa a través de los potentes lazos y redes de apoyo que se establecen entre mujeres. Muchachas que, como cualquier mujer contemporánea, viven la constante contradicción de saberse con derechos mientras se les arrebatan repetidamente las herramientas para ejercerlos. Es una lástima que, aunque la serie de MTV no haya inventado la sopa de ajo, haya sido cancelada por la cadena porque a nuestro parecer no lo merecía.

Valoración: ***

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