‘Twin Peaks: The Return’ (II), la serie de Lynch sigue siendo hipnótica

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Graduada en periodismo y con nombre a cargo de Twin Peaks, mi pasión por las series empezó con Lost y HIMYM. De ahí me trasladé a Dunder Mifflin donde pasé los mejores momentos, aunque por las noches debo confesar que sacaba mi oscuro pasajero de la mano de Dexter. Y ahora, me hospedo en el Bates Motel en busca de un nuevo destino apasionante.

Aquí volvemos con el segundo capítulo de la nueva Twin Peaks, que de nuevo empieza con la sintonía original, por lo que parece que ya se quedará como cabecera de la serie, cosa que aplaudo bastante. Esta segunda parte se emitió junto con la primera, pero he decidido tratarlas por separado para no hacer una review demasiado larga y así poder contar mejor qué pasa en cada parte. Espero que os guste.

Este episodio nos traslada a la celda donde se encuentra el director del colegio detenido por el presunto asesinato de la bibliotecaria de la ciudad. Bill habla con Phyllis, su mujer, y le cuenta que él no estuvo allí pero que esa noche soñó que estaba en el apartamento de la asesinada. Su mujer sabe lo de la aventura y no le cree. Pero Bill le dice que ella también tiene un amante. La cadena perpetua es probablemente el destino del director del instituto. Junto a su celda, un hombre desaparece poco a poco como si nunca hubiera estado allí. Phyllis llega a casa, donde se encuentra el Dale Cooper malo con el arma de su amante. Le dispara en la cara y se va dejando allí su cuerpo sin compasión y tirando la pistola al suelo.

El Cooper malo cena con los chicos a los que recogió de la casa de madera, y les dice que en los próximos días necesitará estar solo. Le advierte a uno de ellos que no necesita nada, pero quiere una información que puede ser muy valiosa ya que son datos que están relacionados con la secretaria de Bill Hastings.

Margaret y su leño vuelven a contactar con el agente Hawk, que se encuentra en el bosque. “Las estrellas giran y el tiempo se muestra a sí mismo” le dice ella. Hawk apunta a los árboles con su linterna, cuya luz parece tornarse roja por momentos. Es entonces cuando volvemos a las cortinas rojas y a esa sala donde de nuevo está el agente Cooper, que por fin se reencuentra con Laura Palmer 25 años después de su muerte. Ésta le dice que él ya puede irse. Cooper (el bueno) no entiende qué está pasando y le pregunta si es ella, algo que le confirma. Pero él sabe que Laura murió, así que ella le dice que está muerta pero que aún vive. Ella se quita su cara (sí, literalmente) y enseña un centro de luz. El agente Cooper se queda perplejo.

Él le pregunta a Laura cuándo puede irse. Ella se acerca, le besa y le dice algo al oído que le hace reaccionar con un pequeño grito de asombro. Laura es arrastrada por las cortinas de la sala mientras grita horrorizada. Éstas desaparecen dejando al descubierto en la lejanía un bello caballo blanco. Un hombre acompaña al agente por el pasillo de cortinas rojas. En otra sala encuentran una especie de árbol eléctrico que le recuerda a su doble (doppelganger). Según la rama, el otro yo de Dale Cooper debe entrar en ese mundo antes de que el verdadero pueda salir.

En la realidad, el doble de Cooper llega a una habitación donde le espera Daria, que le miente al decirle que estaba hablando con Jack por teléfono, que en realidad lleva más de dos horas muerto a manos de Dale (el malo), que además sabe que alguien los contrató para matarle. Al día siguiente, está convocado a la llamada logia negra, pero tiene un plan para no volver. El doble malo de Dale le enseña una carta y le pregunta si alguna vez lo ha visto porque eso es lo que quiere. Éste la mata de un brutal disparo en la cabeza. Seguidamente, saca de una maleta un ordenador portátil y un aparato con el que se comunica con un hombre que no es el que esperaba. En el ordenador parece introducir sus datos como agente especial del FBI y localiza la prisión federal de Yankton.

Volvemos a las salas de las cortinas rojas con el agente Cooper que sigue junto a la rama que le dice “253 una y otra vez más”. Ésta le pide que se vaya, y Cooper se va de esa habitación, pero al intentar entrar en otra no puede. Retrocede y la rama ya no está en su sitio. En otra sala se encuentra con Leland, el padre de Laura, que le pide que busque a su hija.

Las habitaciones parecen estar inestables y algo parece ir mal. La rama le recuerda al doble. Dale sale de la habitación y se encuentra una estatua en el pasillo. Abre una de las cortinas y ve una carretera que pertenece al mundo real. Un coche se acerca. Dentro está el doble del agente Cooper, que parece adentrarse allí cuando la estatua se transforma en la rama y todo empieza a temblar hasta que el agente Cooper sale de allí y cae en la caja que estaba siendo custodiada en Nueva York. La caja empieza a hacer cosas extrañas y Cooper vuelve a caer. De repente, la imagen cambia a un bar en el que vemos cómo James entra y allí se reencuentra con Shelly.

Paranoia es la mejor definición para este capítulo en el que David Lynch parece que quiere volvernos más locos de lo que ya nos volvió a los que vimos la Twin Peaks original. Aunque ésta es una serie mucho más oscura cargada de más violencia y escenas crudas que se distancian un poco de aquella Twin Peaks que contaba con un sensacional sentido del humor que he echado mucho de menos en estos dos capítulos.

La serie de Lynch sigue siendo hipnótica con escenas que pasan tan rápido que ni la cabeza logra asimilar y cuando te paras para intentar pensar sobre ellas te das cuenta de que aún nos falta mucho para llegar a comprenderlas. David Lynch sabe jugar como nadie con el espectador, y la forma de plasmar esos enigmas sigue siendo única por muchos años que hayan pasado. Quizás ya no sorprenda tantísimo como lo hizo en los 90 cuando el universo de Twin Peaks era realmente novedoso. Ahora, 25 años después estamos más acostumbrados a ver esas rarezas que beben de la serie de Laura Palmer. No obstante, ninguna logra llegar a ese nivel de paranoia, lo que hace que esta serie siga siendo totalmente diferente a lo que vemos en la parrilla televisiva actual. De nuevo, punto para Twin Peaks.

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Graduada en periodismo y con nombre a cargo de Twin Peaks, mi pasión por las series empezó con Lost y HIMYM. De ahí me trasladé a Dunder Mifflin donde pasé los mejores momentos, aunque por las noches debo confesar que sacaba mi oscuro pasajero de la mano de Dexter. Y ahora, me hospedo en el Bates Motel en busca de un nuevo destino apasionante.

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